Aunque en estos meses parezca que solo hablemos de Coronavirus y de sus efectos, la vida sigue y, por suerte, a veces, también hay hueco para las noticias esperanzadoras. Es el caso de la presentación de la Agenda Digital  que debe guiar la acción de nuestro país en los próximos años.

La presentación llega tarde (llevamos años sin una agenda actualizada y con contenido) pero al fin disponemos de una hoja de ruta o borrador sobre la posición que como país debemos conseguir en materia digital. Su desarrollo ha sido más que ambicioso (han participado 15 ministerios y organismos públicos y otros tantos representantes de la sociedad civil) y también lo son sus cifras: aspira a movilizar 70.000 millones de euros en los tres primeros años combinado inversión pública y privada. Y otros 70.000 los dos últimos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la presentaba como un “pilar estratégico” sobre el que asentar la recuperación económica y, sin entrar en batallas políticas, ojalá estas promesas se conviertan en realidades. El documento es necesario y el planteamiento bien detallado, con un enfoque que empieza a alejarse de la divulgación sobre lo digital para centrarse en la digitalización de la empresa y, por tanto, de la sociedad española.

Me gustaría pensar que esta hoja de ruta no será papel mojado y que, incluso a pesar del importante envite económico que vamos a sufrir, habrá una determinación clara por sacar este proyecto adelante. Son muchas las ocasiones en las que hemos visto cómo este tipo de mensajes o de proyecciones de futuro se limitan a las palabras y no llegan a la fase de hechos. El error imperdonable aquí sería contemplar esta inversión como un gasto. Porque ‘gastar’ en reindustrialización digital es invertir en competitividad empresarial, en competitividad de país.

Lamentablemente, ya hemos visto cómo grandes empresas que un día se deslocalizaron aquí se marchan a otros lugares porque ser más baratos ya no vale. En la era de la industria conectada, del trabajo en remoto, de la inmediatez, de la inteligencia artificial y del big data, garantizar una conectividad extensiva y ágil para todos, preparar el espectro para la imparable irrupción del 5G o amentar las competencias digitales de quienes están en riesgo de quedar fuera de esta nueva era, son necesidades críticas.

Todas ellas se recogen en esta Agenda Digital, así como la necesidad de aumentar los especialistas en ciberseguridad, inteligencia artificial y datos y, al mismo tiempo, incrementar la cifra de empresas que utilizan la inteligencia artificial y el big data para desarrollar sus negocios en nuestro país.

¿Es posible estar en contra de estos objetivos? A mi juicio no, si uno tiene presente las bondades de la digitalización para hacer crecer y consolidar nuestros negocios, apostando siempre por una tecnología implementada con criterio, pero también para movernos y avanzar hacia un futuro mejor.

La hoja de ruta está sobre la mesa y su cumplimiento dependerá en gran medida del compromiso real de quienes la impulsan. Pero ahora no solo nos queda esperar para ver si todos estos planes se cumplen. Porque no solo de la Administración depende la madurez digital de nuestra economía. Cada uno de nosotros, lo que hacemos con nuestros negocios y las áreas en las que invertimos o priorizamos, son pequeñas decisiones individuales que suman hacia ese futuro digital en el que otros nos llevan bastante ventaja.

En Sothis vamos a estar siempre apoyando a las empresas, sean del tamaño que sean, para acompañarlas en este salto. Para poner orden entre el cambiante entorno de la tecnología y para lograr que la transformación se produzca siempre al ritmo que marque su negocio y no al revés. ¿El objetivo? Digitalizar, innovar, avanzar, crecer.