Industrial, Soluciones y consultoría

La capacidad de reacción de la cadena de suministro llevada al límite: ahora el Canal de Suez

El sector logístico, obligado históricamente a reaprender día a día.
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Sin llegar a procesar, en muchos casos, las lecciones a aprender a partir de los efectos de una pandemia que en 2020 ha puesto en jaque a la cadena de suministro global, 2021 parece dispuesto a volver a desestabilizar a un sector, el logístico, ya de por sí obligado históricamente a reaprender día a día. La tan manida resiliencia llevada al extremo.

La pasada semana una imagen llamaba la atención de medio mundo: el fuerte contraste entre el tamaño de una de las pequeñas excavadoras encargadas de desencallar el enorme portacontenedores Ever Given, con capacidad superior a los 20.000 TEUs, en el Canal de Suez.

Se trata de una imagen potente que puede traer a nuestra mente ideas sobre la fragilidad de los modelos de consumo a los que estamos acostumbrados (además de los memes de los que ya es objeto en redes sociales). ¿Nuestro destino en manos de una pala? Por ejemplo, a estas alturas entendemos de forma relativamente sencilla (aunque hará un año era algo complicado de aceptar) que una epidemia global pueda afectar a tantos eslabones de la cadena de suministro como para hacer que ésta se tambalee y, por tanto, que traiga consigo una buena serie de lecciones a aprender, pero ¿un solo buque?

Pero es que claro… hay que ver el punto elegido para quedar varado, uno de los semáforos más conocidos del mundo.

Hace unos días aprovechábamos una sesión de trabajo con el equipo de consultoría dedicado a la gestión del transporte para comentar los retos “post-Covid” a los que debíamos enfrentarnos y tratar de aportar soluciones desde nuestra humilde posición dentro de esta cadena. Resumo a continuación algunos de ellos:

Comercio electrónico: lo quiero “para ayer”

Entre otras, comentábamos la creciente exigencia del consumidor en el mercado electrónico. ¿Cuántas veces hemos abandonado un carrito de la compra en una compra online por el coste de los portes o los plazos de entrega en estos últimos meses?

Pero ¿nos hemos parado un momento a pensar en cómo se traslada esa presión a la logística? ¿Lo complejo que es nivelar la cercanía de los productos al cliente para satisfacer sus prisas con un número de almacenes y unos niveles de stock sostenibles? ¿Cómo encajan las devoluciones dentro de estos flujos ahora que nuestro salón se ha convertido en el probador?

Todo ello lleva aparejado una serie de conceptos como cross-docking, última milla o las crecientes regulaciones al tráfico en grandes ciudades, que solo algunos han tenido tiempo suficiente para repensar.

Logística verde: sin dejar huella

Además del compromiso del Acuerdo de París para conseguir la descarbonización que conllevará una renovación de las flotas (lo primero que se nos ocurriría a todos), existen otras vías por explotar, que se podrían resumir en el diseño de cadenas logísticas más eficientes.

De nuevo encontramos tendencias, que no modas, en la búsqueda de envases y embalajes de materiales más sostenibles (lo siguiente que se nos hubiera ocurrido seguramente), ya no sólo en cuanto a su composición, sino en cuanto a sus diseños, pesos y medidas para facilitar su carga. Pero, ¿cómo resolvemos el puzzle de llenar la furgoneta de reparto con todos estos paquetitos? Pues con softwares especializados que optimizan estos espacios.

Por no hablar de compartir recursos, de conseguir que un camión no vuelva vacío, de que vaya lo más lleno posible. Dos palabras vinieron a nuestras cabezas: plataformas colaborativas.

Trazabilidad y visibilidad en tiempo real: “pues aquí dice que ya está viniendo”

Todos podemos imaginar por qué cantidad de manos pasa una mercancía hasta llegar al consumidor final, pero hay algo que aún tiene más actores interesados: la información relativa a esta mercancía. Sumamos a cargadores, transportistas, terminales, navieras, importadores que incluso llegarán a tocar la mercancía, otros como autoridades aduaneras o transitarias que sólo tendrán conocimiento de la operación, obteniendo una ingente cantidad de información compartida entre un nutrido grupo de interesados.

Todo ello ha de realizarse de forma segura, veraz e instantánea para conseguir restar algo de incertidumbre a los complejos escenarios del comercio internacional (y claro, como no, dejar constancia en la APP de turno de que el paquete llega hoy). Aquí de nuevo surge el concepto de plataformas colaborativas para la cadena logística, apoyada en otros términos muy de moda, como el blockchain o las APIs. Comunicación fiable, al fin y al cabo.

Adaptación: viviendo en el ojo del huracán

Si hay un sector en el cual la capacidad de adaptación es el principal valor que puede ofrecer una empresa es el logístico. Pensemos en cualquier pequeño cambio en la cadena de suministro (desde un cambio en la normativa aduanera en el puerto de origen hasta un pequeño accidente en la entrada de una ciudad): quien siempre se verá involucrado es el operador logístico.

Hace nada, en la primera toma de contacto con un posible cliente del sector marítimo todo lo que nos demandó para una demo de nuestra solución de gestión del transporte fueron precisamente casos en los que la operación iba sufriendo diversos cambios (cambios de destino, retrasos, cancelaciones…) para probar la agilidad que podíamos aportar. Fiel reflejo de la preocupación del sector: agilidad y adaptabilidad.

Pero esta capacidad de reacción no es sólo necesaria para la gestión del transporte, cada vez más es necesario orientarla incluso al tipo de actividades a realizar. La tendencia de los clientes a externalizar un mayor número de procesos en su operador de confianza: reenvasados, reembalaje, etiquetados, montajes finales… hacen virar el tradicional concepto de almacén a instalaciones logísticas cada vez más automatizadas y orientadas a pequeños procesos productivos con los que satisfacer estas crecientes necesidades.

Digitalización: otra palabreja que está en boca de todos

Todos los anteriores retos tienen un denominador común, y es que su solución pasa por la digitalización (otro reto en sí mismo). ¿Cómo nos puede ayudar ésta? Pensemos en información en tiempo real, en un dato único, veraz y en condiciones de seguridad, en comunicación, en automatización de almacenes, en la optimización de los procesos de carga, estiba, elección de la mejor oferta de un transportista o la generación de un plan de rutas eficiente para el reparto una agencia de transporte. Vamos, de lo que venimos hablando.

En general, en esta sesión que comentaba, estuvimos de acuerdo en que estos retos no eran causados por el Covid como tal, simplemente el modo de vida al que nos íbamos viendo abocados (de eso sí es culpable) ha acelerado estas necesidades. Es decir, ha sido un catalizador de ciertas tendencias ya existentes. Esto en cuanto a la logística a nivel empresarial, donde pusimos el foco.

Otra serie de efectos de diversa índole son los cuellos de botella producidos a nivel global o macroeconómico: los retrasos acumulados en puertos, el desequilibrio en el flujo de contenedores, descensos puntuales en la productividad en los diferentes escalones de la cadena, precios de flete llegando a cuadruplicarse y cuyos posibles efectos escapan a nuestro análisis (aunque las economías de escala dificultan ver un escenario futuro demasiado diferente al actual).

Pero nos vamos del tema… hablamos de cosas pasadas, que casi no hemos tenido tiempo de digerir, en lugar de preguntarnos qué caminos nos hará recorrer el bloqueo del Canal… aunque claro, sin la lluvia de ideas que aporta el equipo y tratando de buscar efectos a priori, ya no soy tan valiente. Tendré que reunir a la banda.

En cualquier caso, sí que me atrevo a adelantar que algunos de los retos expuestos anteriormente van a ser compartidos:

  • Visibilidad en tiempo real: no queremos pensar en las faltas que van a comenzar a sufrir muchas plantas de fabricación y que ahora mismo no tienen respuesta sobre cuándo va a llegar esa ansiada materia prima.
    Quien sea capaz de informar con un grado de exactitud decente sobre el paradero de la carga y su ETA estará ganando clientes de por vida (o al menos no perdiéndolos). Ojo aquí al efecto acordeón… algunas autoridades portuarias ya advierten del colapso que se puede producir en las terminales una vez se reabra la vía y consigan pasar todos los buques que hay en cola.
  • Adaptación: la búsqueda de alternativas y la capacidad de reacción que puedan haber presentado algunos operadores logísticos pueden estar salvando a sus clientes.
  • Digitalización: una de las mejores bazas si tenemos establecida una comunicación solvente que dé visibilidad sobre los contenedores que han quedado al otro lado del canal.

Al fin y al cabo, si ya no aceptamos la incertidumbre esperando la llegada de unas nuevas zapatillas cómodamente desde casa, ¿cómo va a hacerlo el aprovisionador de esa misma fábrica de zapatillas al que se ha trasladado esa presión? Si un operador logístico es capaz de, al menos, arrojar algo de luz sobre estas incógnitas o incluso acortar estos tiempos de espera buscando otras vías tendrá mucho ganado, y evidentemente será más fácil conseguirlo si dispone de las herramientas adecuadas.

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