Han llegado las navidades, y también esa fecha en la que los más pequeños comienzan a escribir y a enviar con toda su ilusión las ansiadas cartas a Papá Noel, sus majestades los Reyes Magos de Oriente, Olentzero, o el “Tió de Nadal”.

Seguramente nuestro querido lector, será un miembro del equipo logístico encargado de hacer llegar los encargos de los más pequeños a sus casas; si es así sigue leyendo porque nos han dejado algunas instrucciones para que puedan completar su misión de forma segura.

Juguetes y tecnología

Los gustos y las preferencias de los más pequeños de la casa han dado un giro radical en los últimos años, las peticiones de los “peques”, ya nada tienen que ver con aquellos regalos en los que pensábamos nosotros cuando éramos niños. A día de hoy, juguetes y tecnología es algo que van muy de la mano, ya sea porque estemos pensando en regalos directamente tecnológicos, como por ejemplo tablets, móviles, etc. o porque la tecnología está llegando a los juguetes más tradicionales como peluches y muñecas.

Si a nuestro alrededor la tendencia es conectarlo todo a Internet y términos como el IoT (Internet of things) o IoE (Internet of Everything) es algo que vemos continuamente en medios de comunicación, estaba claro que el “Internet de los juguetes” no iba a tardar mucho en aparecer.

¿Qué son los juguetes conectados?

Como su propio nombre indica, son juguetes que incorporan funciones relacionadas con Internet o que, de una forma u otra, permiten la interacción con otros dispositivos como puedan ser tablets, smartphones, smartwatches, etc. y mediante tecnologías muy diversas. Además, según la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) estos juguetes se caracterizan por:

  • Se conectan a otros dispositivos mediante comunicaciones inalámbricas como puedan ser bluetooth o Wifi
  • Existen funciones controlables desde aplicaciones móviles (apps)
  • Recogen datos para el análisis y desarrollo de tecnologías de voz
  • Usan tecnologías de reconocimiento para conseguir interactuar con los niños y niñas, respondiendo a sus instrucciones o siguiendo sus movimientos.

Estas funcionalidades, son un paso más hacia la evolución del “Internet de las cosas” que estamos sufriendo en otros ámbitos de nuestra vida. Es cierto que cada vez es más común ver como los más pequeños de la casa acceden a la tecnología, algo que ellos entienden como “normal y cotidiano” pero este acceso masivo a la tecnología no debe ser descuidado. Por esta razón, los padres y madres se ven en la obligación de conocer de primera mano cuáles son los riesgos que, el acceso a este tipo de tecnologías, puede suponer para los más pequeños.

Los peligros de los juguetes conectados

Muy recientemente la organización de consumidores británica, ha alertado sobre los posibles fallos de seguridad que tienen algunos juguetes conectados (“Smart Toy”), que podría permitir a terceras personas acceder mediante conexiones Bluetooth o Wifi a los juguetes de los más pequeños e interactuar con ellos.

A medida que los fabricantes van dotando a los juguetes de conexiones Wifi, Bluetooth para ofrecer nuevas y asombrosas funcionalidades, las autoridades y algunos grupos de investigadores de ciberseguridad se encargan de revisar la seguridad de dichos juguetes para alertar a los fabricantes y consumidores sobre las vulnerabilidades que pudieran aparecer en dichos dispositivos y que puedan suponer un riesgo para los más pequeños. Esto es así, hasta el punto en el que “My Friend Cayla” fue clasificada como “dispositivo de espionaje” por los investigadores.

Conclusiones

Hoy en día, cualquier dispositivo conectado a Internet es susceptible de ser atacado, y la seguridad debe ser siempre nuestra principal preocupación, más aún si cabe cuando estamos poniendo en manos de los más pequeños juguetes que se conectan a Internet.

Por esta razón, resulta fundamental que padres y madres se informen, antes de comprar un juguete conectado para comprobar que no existen vulnerabilidades, pero sobre todo para entender cómo funciona el juguete, qué información recopila, y a dónde se va a enviar dicha información. También, leerse con detenimiento las instrucciones del mismo, para tratar de encontrar si existe alguna “configuración” adicional que nos permita mejorar la seguridad del dispositivo. Una simple búsqueda en Internet puede ayudarnos a despejar muchas dudas sobre la seguridad del juguete que ha pedido nuestro “peque”.

Pero por encima de todas estas recomendaciones, como siempre, debe estar la prudencia, la concienciación y la formación. Dedicar unos minutos en explicar a nuestros más pequeños a no compartir información con extraños, aunque puedan parecer que son otros niños con el mismo juguete es fundamental.

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