En 2008, Apple lanzó la App Store con 500 aplicaciones; hoy ofrece más de dos millones. A partir de ese momento, y corriendo a la par que el desarrollo y auge de la telefonía móvil y las tabletas, las funciones de las aplicaciones se han ido ampliando y se ha creado un mercado de posibilidades casi infinitas. Según datos del informe The Mobile Economy 2019 elaborado por la GSMA, a finales de 2018 el 67% de la población mundial ya era cliente de algún servicio móvil, calculándose que en el 2025 esa cifra haya llegado al 71%.

En la actualidad, es difícil que un negocio pueda prescindir de tener varias aplicaciones como medio de comunicación con sus clientes y para prestar alguno de sus servicios.

Frente al agotamiento de las descargas de algunas aplicaciones destinadas al entretenimiento, las aplicaciones de interacción entre las empresas y sus clientes no dejan de crecer. La velocidad con la que cambian los mercados y las necesidades, hacen que tengan que estar en permanente actualización y revisión, para ofrecer un servicio realmente útil a los consumidores.

Hasta hace poco, los costes de construcción y mantenimiento de una aplicación eran grandes, tanto en el aspecto económico —las aplicaciones móviles requieren desarrollos diferentes para los diferentes sistemas y plataformas— como de tiempo, añadiendo a esto la necesidad de acudir a profesionales especializados en codificación y de implicar en el proceso a equipos de diferentes sectores con bajo nivel de comunicación entre ellos.

A la par, la demanda de servicios digitales no ha dejado de crecer y con ella la necesidad de las empresas de contar con las herramientas adecuadas para gestionar los procesos, jugándose la competitividad en ofrecer soluciones rápidas, sencillas y permanentemente actualizadas. La opción para las empresas de adquirir aplicaciones ya desarrolladas no es eficaz, ya que la complejidad se traslada, entonces, al proceso de integración de la aplicación en la empresa.

Para ajustar este desfase entre ejecución compleja y necesidad de agilidad sin perder capacidad de personalización e integración han nacido las aplicaciones low-code, fruto de aplicar la técnica del low-code —ya usual en la construcción de webs— a la construcción de las aplicaciones.

Frente a la complejidad de las aplicaciones creadas desde cero y la falta de opciones de las no-code, las plataformas low-code para aplicaciones son herramientas de desarrollo de apps con un código base pre-configurado para reducir al mínimo el desarrollo manual del mismo, de forma que a través de una interfaz visual y unos elementos integrables por el método «arrastrar-soltar», se pueden desarrollar aplicaciones empresariales integradas en el sistema de forma mucho más sencilla, ágil y económica.

Ventajas de las apps low-code

Las aplicaciones low-code son más sencillas, más rápidas, más económicas y cuentan con la misma capacidad integración en la empresa que las aplicaciones de desarrollo manual.

La utilización de una plataforma low-code para desarrollo de aplicaciones permite:

  • Prescindir de la necesidad de tener un departamento IT empresarial especializado en desarrollo de aplicaciones o de acudir a servicios externos para la creación de las aplicaciones empresariales.
  • Relevar al departamento de IT de la carga exclusiva del desarrollo de la aplicación, abriendo su concepción y diseño al resto de equipos relacionados con su implementación.
  • La creación de equipos multidisciplinares internos que abren la puerta a la innovación y la puesta en común de diferentes enfoques para ganar eficacia a la hora de:
  • Definir necesidades
  • Diseñar soluciones
  • Optimizar la integración y usabilidad de la aplicación
  • Concentrar el trabajo de desarrollo en aspectos como la funcionalidad, el diseño y la usabilidad de la aplicación frente a la parte técnica para lograr la perfecta integración de la misma en la empresa.
  • Alinear el desarrollo de la aplicación con los objetivos empresariales.
  • Reducir los costes de desarrollo.
  • Acortar el tiempo de desarrollo: la estandarización de elementos imprescindibles para el funcionamiento de la aplicación reduce la necesidad de escribir código.
  • Tener agilidad para responder a la necesidad de realizar cambios o actualizaciones en la aplicación según las demandas más inmediatas del mercado y el negocio.
  • Poseer un amplio espectro de posibilidades de creación de aplicaciones para un mismo negocio.
  • Contar con la suficiente flexibilidad de desarrollo para permitir la escalabilidad de la aplicación según las necesidades de la empresa, y su perfecta integración.

Estimaciones pre-pandemia de la consultora Gartner establecen que en 2024 más del 65% de las aplicaciones empresariales producidas en el mundo serán low-code. También, que el 75% de las grandes empresas utilizarán, como mínimo, cuatro herramientas de desarrollo low-code tanto para la creación de aplicaciones TIC como para iniciativas de desarrollo ciudadano.

Todo indica que, tras las necesidades de adaptación inmediata a las contingencias del primer semestre del año 2020, el desarrollo low-code cobre todavía más fuerza por su excelente respuesta ante la demanda de rapidez, flexibilidad, agilidad y ahorro de costes.